Boletus Total

“Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe”

Competencia desleal

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Fly like a butterfly, sting like a bee

Fly like a butterfly, sting like a bee

 

 

Hoy el día estuvo un poco mas frio, menos soleado y físicamente estoy más cansado por el trajín del entrenamiento semanal que lleva a pensar en un serio descanso con vistas al fondo dominical. Es viernes santo y por la noche iré a investigar las procesiones madrileñas así que caminare un buen rato por lo tanto las ganas de correr son pocas acercándose a nulas. Sin embargo encuentro algo de fuerzas en el clúster en donde me dedico a hacer las cuentas de calorías quemadas y calorías consumidas o por consumir.

A mediodía me lanzo a la calle y comienzo con un ritmo arrollador de 7´30 el kilometro, o lo que es lo mismo, la velocidad máxima que alcanza una mula empacada con viento a favor. El dolor más chico es el de la cintura y la rodea por completo, lo que no es poco decir. A pesar de todo creo llevar un ritmo decente y saludo a un anciano que me mira no sé si rememorando cuando tenía piernas o pensando que si tuviera mi edad me rompe el culo.

Recién voy por el primer kilometro y de pronto siento un viento fresco que me deja dando vueltas como a una peonza y me pregunto si es posible que Flash sea de carne y hueso y encima de mujer. La veo pasar y se le nota la adolescencia en la espalda, ejem, y la verdad es que no parece ir muy rápido. No es del tipo atlético pero, vamos, no tiene más de 20.

El problema es que si no parece ir muy rápido y yo creo estar corriendo ligero y en menos de 20 segundos me saca 30 metros de distancia, estoy más cerca de sentarme con el señor que salude, y efectivamente el pensamiento del anciano es que deja el bastón, se pone unos cortos, y me muestra cuantos pares son tres botas.

Es por esto que acelero el ritmo y si bien no acorto distancia al menos no dejo que se haga mayor y mientras tanto me dedico a regodearme pensando en positivo:

– je, si aguantas ese ritmo una hora todos los días como yo, te pago una copa… y sino podes también.

– ahora nomas te paso y te humillo delante de todos… los peatones.

– seguro que vas con prisa a comprar churros.

– por cierto, hoy cuando salga del metro me compro media docena bañados en chocolate.

– pedazo de macarrones que me preparo cuando llegue!

De pronto me doy cuenta que la damisela ha desaparecido de mi vista y que sigo corriendo a paso de mula y como única motivación la comida de la vuelta. Termino el entrenamiento a los 37 minutos clavados y me dispongo a elongar ante los patos, palomas y gorriones de un estanque.

 

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Written by Gustavo Galatto

21 marzo, 2008 a 4:34 PM

Publicado en Deportes

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