Esa, la Thatcher, la que para mí siempre fue amiga de Reagan y Pinochet, la dama de hierro, la encarnación del mal después de Hitler y que ahora, gracias a esta película, también se convierte en la mujer que luchó contra el poder hegemónico de los hombres, la hija del almacenero que triunfó en política, y la que “salvó” a Gran Bretaña de una gran crisis con tres mandatos consecutivos al frente del gobierno británico.
Lo cierto es que la señora ya va para los 87 abriles y su estado de salud por lo que se sabe, no es el mejor. Padece demencia senil y la película, no se entiende muy bien con qué objetivo, muestra la enfermedad en todo su esplendor. No sin menos brillo nos deja ver su obstinación, su sangre fría y las infaltables perlas que le cuelgan del pescuezo.
A pesar de no ser muy favorable a su imagen el film también destaca algunos aspectos positivos de Thatcher, y a punto estuvieron de convencerme de que finalmente taaan mala no era… es, sobre todo cuando muy ampulosamente pronuncia unas palabras de las cuales se puede escuchar algo a los 58 segundos del tráiler que se ve más abajo:
“Vigila tus pensamientos, porque se convierten en palabras. Vigila tus palabras, porque se convierten en actos. Vigila tus actos, porque se convierten en hábitos. Vigila tus hábitos, porque se convierten en carácter. Vigila tu carácter, porque se convierte en tu destino.”
Grandes palabras, pensé, pero claro, en realidad pertenecen a Gandhi.
"La descripción de los vinos es peliagudísima, porque en realidad los vinos son un invento. No existen vinos: existen botellas. Y de hecho no existen botellas, sino que existen momentos. Es todo muy subjetivo. La costumbre actual, heredada de Robert Parker, de puntuar los vinos del 1 al 100, es una mentira total, porque un vino lo tomás un lunes y te parece maravilloso y lo tomás el martes y te parece una cagada." Miguel Brascó, poeta contemporáneo.