Las verdaderas disculpas de Pepe
¿Cómo se le explica a un niño que pisar intencionadamente a alguien que está en el suelo es algo que no se hace? ¿Cómo se le explica que además, si lo ve la maestra, va a tener una sanción disciplinaria que cumplir? ¿Cómo se le explica que la violencia física es peligrosa y que puede tener consecuencias inmediatas y de por vida? ¿Cómo se le explica que si su padre lo hace con otra persona, y lo ve un policía, se lo van a llevar detenido?
Pero lo peor no es que un violento reincidente como “Pepe” siga adelante con sus fechorías porque, pobre tipo, sus actos lo definen y la enfermedad le sale de las tripas; la vergüenza más grande es que nadie mueve un dedo por sancionarlo. Ni los que les corresponde hacerlo, ni aquellos que pueden hacerlo de oficio, ni sus propios compañeros.
Patética paciencia que se le tiene a Képler Laveran Lima Ferreira, tal el nombre real del energúmeno. Si los indignados en sus plazas, los “piratas” en sus ordenadores y los hipotecados con sus bancos gozaran de semejante beneficio, otra seria la historia.
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